Más allá

Mas allá de estos muros mucho mas allá, mas allá de mi puerta mucho mas allá, duerme toda la ciudad, mucho mas allá, busco topicos que deshojar...

7.04.2006

La vergüenza de las Bibliotecas - The Clinic

La vergüenza de las Bibliotecas

Por: Matias Rivas
The Clinic
La semana pasada, los voceros de los estudiantes movilizados pidieron, entre otras demandas, que la educación mejore su calidad y que los lugares donde estudian tengan los medios físicos mínimos para desarrollar la difícil tarea de aprender. En medio de la enumeración de problemas que los mismos estudiantes ven como urgentes de solucionar está el tema de las bibliotecas de los liceos o colegios municipalizados que son francamente una vergüenza, salvo honrosas excepciones. Lo mismo sucede con las bibliotecas públicas, que padecen una pobreza horrorosa de recursos y personal dignamente remunerado. De este lote de establecimientos, por supuesto, hay que excluir a las bibliotecas de las comunas con más dinero. Algunas de gran calidad y lujo, como la de Las Condes.
La demanda por la posibilidad de acceso a las lecturas básicas, en un país donde los libros son caros, pasó como de costumbre a segundo plano. Nadie menciona este problema como un asunto grave. Y al parecer a las autoridades se les olvida que, tanto Neruda como la Mistral (para dar dos ejemplos elocuentes) leyeron sus primeros libros en las bibliotecas de los precarios colegios donde estudiaron. Hoy, en cambio, las cercas que 450 bibliotecas que existen en el país sólo reciben los libros que compra un consejo de expertos. Los datos están a la vista en la página del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes: este Consejo parece que no está exactamente preocupado por la calidad como señala en sus intenciones, ya que, por ejemplo, el año pasado se compraron más libros de Reinaldo Marchant, miembro de este consejo de eminencias, que de Roberto Bolaño.

Es mentira que el Gobierno desea hacer la mayor revolución educacional, como dijo la Presidenta Bachelet. Si así fuera, no estarían pensando en qué gastar la plata, que según dicen es demasiada. Los apremios están frente a La Moneda.

Pero el problema trasciende cuando vemos que a los profesores se les exige cierta calidad, pero a la vez nadie les da ni siquiera la ayuda de entregarles cada año los libros que les permitan perfeccionarse. ¿Cómo van a estar al día en sus lecturas si ganan miserias y no tienen acceso a bibliotecas dignas?. La solución a estas preguntas, sin duda, está enquistada en este mismo gobierno, cuyos Ministros de Educación y Cultura respectivamente, jamás han hecho alusión a esta ignominia para los estudiantes y profesores de colegios marginales.
Me imagino que la Ministra de Cultura piensa que este no es un asunto que le incumba, sin embargo, ella debería ser la primera en cambiar su política de estímulos a los artistas y poner esos fondos a disposición de necesidades más prioritarias como es abastecer las bibliotecas para que los que postulan al Fondart no sean sólo los privilegiados de siempre. Si bien este fondo de apoyo, al igual que el que se le entrega a los editores y escritores sirve como estímulo, no es equiparable al tremendo hoyo cultural que están fomentando al no hacerse cargo del tema de las bibliotecas de forma radical.
Es mentira que el Gobierno desea hacer la mayor revolución educacional, como dijo la Presidenta Bachelet. Si así fuera, no estarían pensando en qué gastar la plata, que según dicen es demasiada. Los apremios están frente a La Moneda. No se le puede exigir a un país que supere su crecimiento económico si esa superación no va acompañada de libros. En ellos están las claves del futuro y las soluciones del presente. Y es la falta de estos mismos libros y de lectura lo que nos deja en Latinoamérica como el país bananero que en que nos estamos convirtiendo. Es obvio que para la solución de estos problemas no se debe recurrir al Ministro Zilic, que cuando habla repite las mismas palabras de siempre, como un colegial porro y sin excusas por sus faltas. Lo suyo no es la elocuencia. Y seguro que al único autor que conoce de memoria es a Hipócrates, debido a que es médico. Y de Lagos Weber ni hablar de su vocabulario, que por intentar ser cool peca de impreciso. Comparado con Puccio y Vidal es un ignorante de marca mayor. De él no podemos esperar nada más que una versión oficial en buena onda. Seguro que sabe de economía y habla en inglés, pero si sabe algo más no se le nota.
Hay que transparentar el por qué se adquieren ciertos libros y quién los adquiere para las bibliotecas de todo Chile. Hay que fomentar la lectura, por lo tanto, hay que apagar los computadores. Y hay que darles un estatus merecido a las bibliotecarias. Si Camilo Escalona es tan aficionado a la literatura y el Ministro de Hacienda también, por qué no hacen algo, qué los entorpece. Con un diez por ciento de los gastos reservados triplican el presupuesto destinado a libros. Ayuda directa para alumnos y profesores. Sólo comparen el dinero que gastan en armas, o en asesores, versus el que gastan en textos. Seguro que les da pavor. ¿O son muy caras de palo?.